jueves, 28 de noviembre de 2013

Lágrimas de Lava



En el fondo siempre lo supe.

Una sensación extraña me invadió y arrasé todo a mi paso. No estoy preparada para volver, no después de lo ocurrido.

He permanecido oculta al mundo desde el accidente. Es curioso como me convencí a mi misma de que fue eso, un accidente, cuando en realidad era lo que siempre había deseado hacer, en lo mas profundo de mi ser.

Yo solo era una joven con problemas cuando ocurrió. Abusos constantes, insultos, golpes...No era mas que una de esas niñas a las que a todos les gusta maltratar, porque se sientes mejores, mas fuertes.

Aquella mañana no era diferente a las demás, el frío había congelado los bordes de la ventana y yo jugaba a imaginar una vida mejor mientras dibujaba formas al azar. Podía oír como el profesor de química explicaba como ciertos compuestos pueden llegar a arder si se concentrar o se mezclan. 

Nadie le atendía, ni si quiera yo. 

Un débil golpe me advirtió; un par de bolitas mojadas habían impactado contra mi pelo mientras dos de mis compañeros se mofaban haciéndome burla desde el fondo del aula.

Suspiré, la paciencia debía permanecer en mi mente.

40 minutos mas tarde la campana resonó por todo el centro. El maestro abandonó el aula y el director entró tras él.

-La señorita Connor estará de baja hasta la semana que viene, asi que tendréis que esperar a mañana hasta que venga el sustituto. No arméis jaleo, el profesor de guardia no tardara en venir.

Entorné los ojos, conocía las intenciones de aquellos brutos mientras la clase permanecía desatendida.

-¡Eh cuatro ojos! -Dos de ellos se acercaron a mi, juntando las sillas a mi pupitre. –Me han dicho que pretendías chibarte al director.

Le ignoré recostándome contra la ventana, pero él insistió.

-Mírame cuanto te hablo, adefesio. –Me agarró del brazo, haciéndome levantar de la silla.- ¿Es cierto que tu padre te abandonó? Seguro que fue porque no soportaba mirarte.

Ira, furia, odio. Todos esos sentimientos retenidos recorrían ahora mis venas, queriendo salir, queriendo manifestarse. Me ardía la cabeza.

Me lanzó de golpe contra el suelo, al centro del aula. Vi como el resto de compañeros se giraba, ignorándome por completo, haciendo caso omiso a aquel acto de crueldad.

-Dejame en paz, por favor. – Le susurré.

Él sonrió, no iba a parar por mucho que llorase o suplicase. Sentí una patada en la espalda; alguien se había unido a mi agresor, queriendo dañarme aún mas.

Entonces algo cambió, algo en el centro de mi cerebro se iluminó.

-¡¡YA BASTA!!

Retrocedieron unos centímetros ante mi cambio de actitud, pero volvieron en seguida a por mí.

Pero ya era tarde...

Se alejaron aún mas, con sus rostros contraídos de terror, pero no había sido mi grito lo que les había asustado, si no mis manos.

Ardían.

Un intenso fuego había transformado mis manos en un par de antorchas, que lanzaban fuertes latigazos contra el suelo. Comenzó a expandirse, por mis brazos y mi pecho, convirtiéndome en una tea humana.

Pero no sentía dolor, tan solo una extraña sensación de libertad, como si hubiera estado retenida durante mucho tiempo y ahora fuera una fiera dispuesta a matar.

Traté de apagarme las llamas, pero tan solo las extendía mas y mas, hasta que me cubrieron por completo.

-¡¡Monstruo!!

Ya era suficiente, todo acabaría...
 

Los cristales cedieron, la carne se calcinó, todo ardía. Podía oír como gritaban, como sufrían la ira del tantos años de abusos, como uno a uno caían al suelo.

Traté de pararlo , pero ya era imposible, nada era capaz de detenerme. Una enorme ola de fuego destruyó todo lo que encontró a su paso. Nadie era capaz de huir del dolor que provocaban las llamas.

Poco a poco el fuego se extinguió por si solo, mostrándome lo que era capaz de hacer, lo que podía llegar a desatar. Ellos tenían razón, no era mas que un monstruo...

Cuando la última tea se apagó, traté de distinguir algo tras el humo. Tan solo quedaban cenizas, cuerpos carbonizados que se desmoronaban poco a poco, perdiéndose para siempre.
Entonces caí de rodillas y sostuve en mis manos los restos de mi agresor, que se elevaron poco a poco hasta desaparecer en el aire. 

Grité  y  voceé todo lo que la garganta me permitió, pero ya nadie me oía. Los cadáveres no escuchan los lamentos de los vivos...

Traté de frenar mis lágrimas, pero comenzaron a deslizarse por las mejillas.

Lágrimas ardientes, lágrimas de lava.





lunes, 25 de noviembre de 2013

El dibujante del 18


Ataviado únicamente con su lápiz y un libretín rojo retrata con gracia al anciano que hay frente la ventana del autobús. Su mano es firme, su trazo, seguro. Veo como concentra toda su atención en las sombras que proyecta su abrigo, las formas del rostro del anciano.

Poco a poco lo que al principio fue un boceto uniforme se transforma en un elaborado dibujo. Le observo atentamente, disfrutando de su arte, de la imaginaria canción que me trasmite su obra.

Nadie sabe realmente lo que piensa, es un poeta de la ilustración, sus obras, los infinitos versos de una canción inacabada.

Vuelvo a la tierra y veo como prosigue con su lápiz. Las paradas avanzan, la gente entra y sale, pero él sigue ahí. El hombre que se sienta a su lado se marcha, y él, amablemente me ofrece sentarme. Sonrió y asiento, supongo que así podré ver mejor.

Al cabo de unos minutos se gira y me mira, ambos sonreímos. Finalmente parece que su dibujo está por fin finalizado. Alzo discretamente la mirada y observo el asombroso retrato del anciano. Sin duda merece un aplauso.

Llamo su atención y él me escucha, es agradable hablar con el caricaturista. Él me pregunta si conozco sus obras y yo, que efectivamente reconozco su trabajo, le hablo de la última vez que visité su exposición.
Él, complacido continua dándome conversación.

Al final llegamos a la parada y yo, me despido. Pero él avanza por mi mismo camino y sigo contándole una retahíla de cosas vanas para acompañar el paso.
Cuando llego a la altura de mi calle le pregunto.

-¿Vives por aquí cerca?

Él niega con la cabeza y señala en la dirección opuesta.

-Vivo al otro extremo, encantado de conocerte.

Entonces descubro lo bueno que es encontrar con quien hablar en el bus, hay gente extraordinaria.

PD. Dedicado al dibujante por escuchar mis palabras, que aun sin saber mi nombre me sacaste una sonrisa.

sábado, 23 de noviembre de 2013

50 años de Doctor Who

Hoy para todos los fans de Doctor Who (Si hombre, esa serie a la que ayer Google homenajeó, una grata sorpresa para mi sin duda) es un día especial. La serie cumplía este 2013 ni mas ni menos que 50 años desde su primera emisión y hoy se emitirá un capitulo especial donde dos de los actores que encarnaron a este mítico personaje de la BBC coincidirán.

Por mi parte soy una fan incondicional de esta serie mítica, la ciencia ficción siempre me ha apasionado y después de descubrirla casi por casualidad, no he podido parar.

Por eso hoy os voy a dejar un pequeño homenaje hecho a mano para todos los amantes de esta serie y para todo el que quiera verlo claro =D

¡¡Allons-Y!!
¡¡Geroonimo!!


También os dejo un par de canciones de un grupo que descubrí hace poco. Casi todas las que tienen están relacionadas con la serie y la verdad y que me han encantando, espero que os gusten.

(Este primero es una animación muy original, de la regeneración del 10 Doctor. Conozcas o no la serie, merece la pena verla)


(Este tiene imágenes del 11 Doctor en uno de sus capítulos mas conocidos, en las que me inspire para dibujarle)






Sed Felices ;D

miércoles, 20 de noviembre de 2013

Mis Pinceladas




Que ganas tenía de que llegara hoy, os dejo mi relato para el Club Literario "Vidas de Tinta y Papel" de Princesita Solitaria. No es un gran texto, pero espero que sea un buen comienzo.

Espero que os guste.

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La luz reflejaba en la pared, surcando la habitación.

Sonreí. Era el día, mi día.

Darío continuaba durmiendo, agarrando la almohada con fuerza. Mi eterno tardón, el príncipe de los 10 minutos más tarde. La puntualidad nunca le había acompañado, pero le adoraba igualmente. Le besé con cuidado para no despertarle y me levanté.

Recorrí el pasillo del piso, esquivando pinceles, lienzos y caballetes. Observé con detenimiento todos y cada uno de los cuadros; permanecían silenciosos, esperando a que llegara el momento que tanto había esperado.

Por fin colgarían de paredes, las de una exposición de verdad. Mi exposición, mi sueño hecho realidad.

Cada vez que recordaba la emoción de la noticia unas mariposas aleteaban en mi estomago. Tras 2 semanas de intenso trabajo colocando carteles y entregando invitaciones a los transeúntes, mi esfuerzo había dado frutos.

Preparé un par de tazas de café con cuidado, mi cafetera solía darme algún que otro susto, pero no estaba dispuesta a que nada me estropease aquella mañana.

Me senté en el taburete y vi como Darío avanzaba a toda velocidad por el pasillo, con el pelo revuelto y la camisa desabrochada.

-¡Llego tarde! ¡Llego muy tarde!

-¿Y eso es una novedad cariño? - Sonreí mientras me llevaba la taza a la boca y aspiraba lentamente el intenso aroma.
 
Él comenzó a rebuscar en la mesa de la entrada mientras yo le miraba con curiosidad.

-¿Y las llaves?

-En tu bolsillo

-¿Mi cartera?

-Segundo cajón de tu mesilla.

Se acercó, mucho más aliviado.

-¿Qué haría yo sin ti?

-Ir al trabajo sin pantalones.

Ambos sonreímos, efectivamente sigue en ropa interior.

Tras una mañana sin parar de mirar todas mis obras llegó la tarde, y con ella, Andrea y Rober con su furgoneta amarilla.

Poco a poco entre los tres logramos cargar todos y cada uno de los cuadros en la que había sido nuestra adorada volkswagen amarilla. Tantos buenos recuerdos, recorriendo interminables carreteras secundarias, 
jugando a imaginar con los paisajes.

Cuando llegamos a la galería vimos como el señor Calatrava, el hombre que nos había cedido su local, esperaba impaciente frente a la puerta, con esa cara de perro viejo y su enorme abrigo de cuero marrón.

-Cuando me dijiste que llegarías a las 7, Clara, pensé que te referías a las 7 en punto, no media hora más 
tarde.

Sonreí agarrando las llaves que él me ofrecía.

-Relájese, solo son un par de minutitos.

Alberto Calatrava era el dueño de una pequeña galería de arte a las afueras, bajo, regordete y con muy malos humos, se había convertido en nuestra mejor opción: el precio no era elevado y el espacio perfecto para la exposición.

Poco a poco mis obras fueron llenando las vacías y blancuzcas paredes de la sala. 

-Daos prisa, en seguida vendrá la gente.-Les repetía cada pocos minutos.

La galería quedó repleta de color y pinceladas. Agotados pero satisfechos, nos quedamos esperando, con una sonrisa en los labios y el corazón en un puño, mirando a cada segundo la puerta, esperando a alguien.

Pero nadie aparecía...

Una, dos, tres horas. Mi emoción inicial fue rápidamente sustituida a medida que la tarde avanzaba y mi sueño se desquebrajaba en pequeños pedazos.

Andrea se acercó a mí, con la mejor de sus sonrisas.

-Seguro que no tardan en venir.

Pero no vino nadie. Les dije a ambos que se fueran a casa, que yo recogería y que Darío no tardaría en venir de trabajar. 

Finalmente me resigné y empecé a descolgarlos, pero había alguien en la puerta...

Me acerqué sin hacer ruido y vi como observaba con curiosidad una de mis últimas creaciones. Era un hombre alto y muy delgado, de cabello rubio, tan claro que parecía blanco. Su fino rostro me resultaba familiar, pero no recordaba donde lo había visto.

-¿Son suyos?

Asentí y me acerqué a él.

-Son buenos. Me gusta la técnica que hausado para el manchado de los bordes. Los diseños son frescos, hacía tiempo que no veía algo así.

Sonreí complacida, tratando de aparentar naturalidad, pero el color de mis mejillas aumentaba más y más.

-¿Cuánto por este?

Sin duda aquella pregunta me descolocó por completo, pero había ensayado lo suficiente en el espejo como para poder responderle sin titubear.

-¿Cuánto diría usted?

Alzó las cejas, suspiró y sacó una chequera de su chaqueta.

-Creo que es una buena oferta.

Mi cerebro se detuvo un par de segundos antes de asimilarlo, no la cantidad ofrecida, si no el nombre del dueño. Gabriel Salmerón, el que había sido mi modelo a seguir, mi inspiración y la razón por la que seguía pintando

Él sonrió complacido y tras varios minutos de charla informal, me ofreció la mayor oferta de mi vida.

-Tengo en proyecto una nueva exposición y tú tienes todo lo necesario para lograr triunfar, Clara. ¿Cuento contigo?

Mi respuesta fue inmediata.

-Eso ni si quiera se pregunta.

Después de confirmar mi asistencia y ayudarle a cargar mi cuadro en su coche, me quedé frente a la puerta hasta que desapareció. Cuando lo hizo, comencé a dar saltos de alegría, chillando y riendo. Tenía que contárselo a alguien.

-¿Darío? Es el tercer mensaje que te dejo, ¿dónde estás? 

De pronto mi móvil empezó a sonar, no era mi novio, si no su hermana Anais.

-¿Clara? Menos mal que has cogido el teléfono, Darío esta en el hospital.

-¿¡Que demonios ha pasado!? 

Anais tardó un par de segundos en responder, podía escuchar un enorme jaleo, coches, ambulancias...

-Tranquila, un coche le golpeó y perdió el conocimiento, ahora está en shock, pero está bien.

Me recompuse lo mas rápido que pude y corrí en busca de un taxi o un autobús que me llevara cuanto antes al hospital. Sabía que tanta alegría junta tendría algo malo detrás.

Me abrí paso hasta la habitación donde le había ingresado, esquivando con a toda velocidad camillas y enfermeras. Finalmente le vi, tumbado en la camilla, magullado, pero vivo.

Me lancé a sus brazos y le besé en los labios con toda la pasión y emoción que llevaba dentro.
Empecé a contarle todo lo ocurrido, la exposición, el pintor, el cheque...Pero el me puso los dedos en los labios y me dijo:

-Ya me lo contarás luego, ahora quiero 100 ml. de tu amor en vena...




(Por Lena J. Underworld, escritora y blog Novela, Club Literario "Vidas de Tinta y Papel")


lunes, 18 de noviembre de 2013

Concurso de Letras, Libros y Más

Hoola Compaseros

Hoy vengo con un concurso muy jugoso, del blog Letras, Libros y Más, que sortea un ejemplar de "Cómo matar a una ninfa" de Clara Peñalver. 
Me picó la curiosidad con la sinopsis y me he animado a participar a ver si hay suerte (cruzando deditoos)

El concurso comienza hoy 18 de noviembre y termina el 24 de este mes, asi que animaos si queréis haceros con este ejemplar firmado por la autora.

Enlace a concurso en la imagen

http://letraslibrosymas.blogspot.com.es/2013/11/sorteo-ninfa.html

Mucha suerte a todos los que os animéis a participar.

viernes, 8 de noviembre de 2013

El Cuervo viste de Ceniza




De todas las historias, fabulas, cuentos y leyendas que mi abuela me contaba de niña, sin duda he sacado grandes lecciones.
Me enseñaron a respetar a mis mayores, a cuidar de lo que me rodea y a amar lo que tengo. Pero esta que os contaré hoy sobre el origen de los cuervos aporta una importante lección: El odio hacia tus semejantes siempre trae funestas consecuencias...

Hace más de 200 años, en las altas montañas de Centro Europa se alzaba una imponente ciudad. Estaba dirigida por un rey, un hombre justo y bondadoso cuya ética estaba ligada estrictamente las leyes del reino. Su difunta esposa le había dejado dos hermosos hijos. 

El príncipe marchó joven a la guerra que se disputaba en el país vecino, ayudándolo a deshacerse de los incansables barbaros. La princesa era un ser de aspecto angelical, tan hermosa y delicada como el rocío de la mañana, pero bajo  su cortés apariencia escondía un oscuro secreto, un alma pútrida y retorcida que la llevaba menospreciar e incluso a agredir a sus criadas.

La mas joven de sus doncellas era un muchacha muda, cuya vida se limitaba a satisfacer las exigentes peticiones de la perniciosa princesa. Una noche después de terminar de coser, la joven llevó su nuevo vestido al vestidor.
Al verse reflejada en el espejo comenzó a soñar la vida que tendría si hubiera nacido en mejor cuna, con tan mala suerte que fue vista desde la puerta por la princesa, que perdiendo los estribos agarró una aguja y comenzó a picar las manos de la criada, haciéndola sangrar.

Después del injusto castigo la pequeña criada se marchó llorando hasta la cocina maldiciendo en silencio su suerte. Al intentar gritar se entristeció aun mas, apenas logró lanzar un suspiro lastimero.
Los meses pasaban y una comitiva llegó al reino. La hermana menor del rey visitaba el palacio con una pequeña sorpresa, un bebe.

El diminuto hombrecito reía ante el plácido rostro de su madre, que rebosaba felicidad y ternura. La princesa, colándose de nuevo su máscara de falsa cordialidad se acercó al infante, que en cuanto se vio en los brazos de su prima comenzó a llorar.

Ella disgustada ante el molesto chillido le cedió el bebe a la criada, que lo meció en sus brazos con delicadeza. El bebe, de pronto ceso de llorar y mostró de nuevo su sonrisa. 

La princesa sintiéndose humillada ante la capacidad de la joven criada pidió a su padre que le dejara pasear al bebe. Él, sabiendo lo que ocurriría si ella volvía a coger al niño, la negó la petición.

Pero ella quería cogerlo, sentir que alguien la pertenecía. Lanzó una mirada lasciva a la joven que lo acunaba y tranquilizaba. Si ella no podía tenerlo, nadie lo tendría...

Caída ya la noche la princesa se levantó de la cama y se dirigió a la habitación del infante. Entró en la sala e inspeccionó lo que tenía alrededor. El bebe dormía tranquilo en su cuna, mientras que sus padres lo hacían en la cama. Agarró delicadamente al niño y abandonó la estancia tan deprisa como había entrado.
La princesa recorrió el pasillo hasta las escaleras, donde ascendió hasta la torre. Miró al niño y lo sostuvo en el aire.

-No volverás a llorar.-Le susurró.

Seguidamente soltó al pequeño, que se precipitó al vacío.

La noticia se extendió como la peste por todo el castillo. La madre no encontraba consuelo, ¿quién había sido capaz de cometer tal atrocidad? 

La princesa, a sabiendas de sus actos no tenía ningún tipo de remordimiento, su alma estaba tan sucia que un simple bebe no iba a amargarle la oportunidad de dañar a alguien más.

-Fue ella, vi como se adentraba en la habitación del niño y se lo llevaba en brazos.-Dijo, acusando a la criada muda.
La joven, incapaz de hablar, incapaz de defenderse ante aquella mentira fue inmediatamente sentenciada a muerte. No satisfecha con el castigo, la princesa lanzó una última alegación.

-Se lo entregó a Satanás, ella adora al mismo diablo.

El castigo estaba claro, la joven, aunque inocente fue acusada de bruja y se la condujo a la hoguera, donde seria quemada. La pequeña criada pidió clemencia, pero ni ella misma se escuchó... Al cabo de unos minutos en la tea tan solo quedaban cenizas.  

De pronto una de las palomas de la catedral bajó de la torre y comenzó a embadurnarse en las cenizas de la inocente, tiñendo su plumaje de negro, convirtiéndose en el primer cuervo.

Voló alto y con su estridente graznido recorrió la ciudad hasta el palacio, en cuyo jardín permanecía la princesa.
Entonces se abalanzó sobre ella, arañándola la cara con sus garras y dañándola con el pico. Ella salió corriendo con la cara ensangrentada hacia la sala del trono, haciendo gritar a todos los que se topaba con ella.
Entró de golpe en la cámara y su padre, horrorizado contempló como el cuervo había terminado arrancándola los ojos de las cuencas.

 -¡Fui yo padre! ¡Yo mate al niño!

No hizo falta más que aquella frase para que el rey, muy a su pesar tuviera que mandar a su hija al cadalso.
Tras tan duro golpe, el rey se sumió en una profunda tristeza. Pero las desgracias se sucedieron una tras otra: su hijo mayor había sido derrotado por las tropas bárbaras. Sin heredero alguno y completamente derrotado, el buen rey optó por el suicidio. 

Apenas un par de meses más tarde las ciudad fue invadida y masacrara por las hordas enemigas, que redujeron a cenizas la ciudad.

Sombría y funesta, aquella ciudad se convirtió en una oscura sombra, donde volaban los cuervos nacidos de las cenizas de los inocentes.